Un perro andaluz

       En 1928 Salvador Dalí le envió al director de cine, y antiguo compañero en la Residencia de Estudiantes de Madrid, Luis Buñuel el escrito de un scénario totalmente diferente al cine contemporáneo, produciendo su embarcación en un guion conjunto. Buñuel cuenta en una entrevista:

 Dalí me dijo: «Yo anoche soñé con hormigas que pululaban en mi mano. » Y yo: «Hombre, pues yo he soñado que le cortaba el ojo a alguien.» […] Trabajamos acogiendo las primeras imágenes que nos venían al pensamiento y en cambio rechazando sistemáticamente todo lo que viniera de la cultura o la educación [1].


       Estas declaraciones junto a otras donde nombra su gran admiración por Benjamin Péret —un poeta surrealista—, nos hace ver que Buñuel ya estaba familiarizado con el surrealismo en el momento de realizar su primer film. Tras el triunfo de su estreno, la película fue acogida por el grupo surrealista de André Breton y ambos se introdujeron plenamente en el grupo surrealista y les delegaron la apropiación intelectual del film. Aunque, “Buñuel y Dalí se unieron al grupo en un momento de intensa crisis ideológica, durante una recomposición de las aspiraciones revolucionarias del surrealismo y de sus tácticas” [2].

El guion se tituló ¡Vaya marista!, y contaba con ocho folios mecanografiados a una cara con correcciones a mano. Por otro lado, la película se iba a llamar en un primer momento Es peligroso asomarse al interior, invirtiendo las advertencias de las ventanillas de los trenes “es peligroso asomarse al exterior”. En cuanto al título que ha llegado hasta nuestros días incitaría a pensar a Federico García Lorca, también compañero de ambos en la Residencia, que había una alusión a su persona y el grupo gongorino andaluz, pero Buñuel negó tal alusión argumentando que se trataba del título de un libro suyo de poemas.

Para entender esta película hay que asomarse a la infancia en España de ambos creadores que puede observarse en la escena de los burros podridos, una obsesión infantil compartida entre ambos. Paralelamente, se puede ver la campaña contra Juan Ramón Jiménez, y su Platero y yo, ante el deseo de acelerar la vanguardia en España. “Y es que [Un perro andaluz] se trata de un poema visual, muchos de cuyos hallazgos proceden de un libro homónimo de poemas que Buñuel tenía listo para la imprenta hacia 1927” [3].

La película comenzaría su rodaje a principios de abril de 1929 en los estudios de Billancourt, y Dalí llegaría unos días después del iniciado el rodaje. Una vez finalizada, la película se estrenó el 6 de junio de ese año en Le Studio des Ursuline, junto al film Les Mystères du Château du Dé, de Man Ray. El estreno resultó todo un éxito, a diferencia de la cinta de Ray puesta en primer lugar. “La frenética sátira freudiana de Un chien andalou sobre la heterosexualidad en la Era del Jazz encajaba perfectamente con el Zeitgeist local” [4].

Como expone Agustín Sánchez:

La importancia y novedad capital de Un perro andaluz en la historia del cine radica en que la película, de forma concienzuda y premeditada, destroza la narrativa cinematográfica habitual, en busca de una liberación de los convencionalismos de la pantalla similares a los logrados por los surrealistas en la literatura o la pintura [5].



[1] PÉREZ TURRENT, T. y DE LA COLINA, J., Buñuel por Buñuel: Entrevistas y conversaciones con Luis Buñuel, Madrid, Plot Ediciones, 1993, p. 23.
[2] GUBERN, R. y HAMMOND, P., «La militancia surrealista», en: Los años rojos de Luis Buñuel, Madrid, Cátedra, 2009, p. 14.
[3] SANCHEZ VIDAL, A., Luis Buñuel, Madrid, Cátedra, 2004,, p. 131.
[4] GUBERN, R. y HAMMOND, P., op. cit., p. 12.
[5] SANCHEZ VIDAL, A., op. cit., p. 133.

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