Mustang de los 70

Sus miradas se encontraron. Ella podía percibir aquel instante al completo, podía sentir la suave brisa de verano, podía captar el movimiento de un gato callejero pasando por su lado, las palomas alzando el vuelo en la calle de enfrente, la niña de pelo rubio absorta en su globo. Todo parecía a cámara lenta, sus pasos se habían ralentizado, al igual que los de él. Su cabellera corta y castaña destellaba en múltiples gamas por los rayos del sol que traspasaban con nimia dificultad las nubes. Todo quedó en una fracción de tiempo demasiado pequeña, por la que cruzaron multitud de recuerdos de años pasados.

Al terminar ese intenso, pero pequeño momento, intentó calmar su acelerada respiración. Le había visto, estaba de nuevo en la ciudad. Había visto de nuevo aquellos ojos que le robaron el corazón en un tiempo que a ella le parecía muy lejano. Él la había mirado con la misma intensidad, o sólo se lo había imaginado, pero estaba segura de que no le había pasado desapercibida.

Consiguió calmarse y llegar al punto donde había quedado con su mejor amiga, a la que no le dijo nada. Mas ella notaba su exaltación y sus preguntas no cesaron en ningún momento de la tarde, algo que Sara lamentó. Sólo quería sumergirse en el mundo de recuerdos, retornar a todas aquellas caricias que se dieron en el pasado, a todos aquellos besos que quedaron perdidos entre sus caminos opuestos. No podía creerse que aquel por el que había dado su vida hubiese vuelto a su mundo. Aunque no debería conseguir entrar de nuevo en su mente ni en sus sueños, o eso es lo que se dijo, pues sabía que era un intento en vano.

Eric no podía creerse aquello. Nada más llegar y ya se la había encontrado. Había vuelto a ver aquella melena rubia, aquellos ojos azules que tanto le recordaban el mar donde habían creado momentos tan íntimos, aquellos labios tan rosados… No podía caer de nuevo en los recuerdos, ni mucho menos en el dolor que portaban, pero había cambiado tanto… su cuerpo se había transformado por completo en el de una mujer, un cuerpo demasiado bonito… ¡No! Nada de volver a pensar en Sara. Aunque sabía que su vuelta a la ciudad, de una forma o de otra, le iba a llevar a ella, tenía que intentar evitarlo, tenía que intentar alejar aquella horrorosa angustia que tantos años le había acompañado.

Pasaron las semanas pero no volvió a ver a Eric. Iba por las calles mirando hacia todos lados, y acababa inconscientemente en todos aquellos lugares que recogían sus recuerdos. Sabía que el dolor había vuelto, con menos intensidad, pero seguía ahí. Era ridículo, se sentía ridícula. Tanto tiempo y seguro que él no la recordaba, o como mucho se reiría de aquellos días que habían sido inolvidables para Sara. No podía seguir así, no podía seguir viviendo con los fantasmas del pasado… Pero sólo le quedaba un sitio que contenía horas demasiado especiales…

Mientras recorría el camino, recordaba aquella carretera que recorrían en su viejo Mustang de los 70, y cómo se inundaba de sus risas y caricias. Un coche donde habían vivido y muerto en las eternas noches de sentimientos, en las primeras veces y las últimas. aquel coche que había visto morir aquel amor, un amor que no habían reconocido lo sufiente hasta aquel adiós... Decidió caminar, ya que no tenía coche, ni prisa, así que tenía aún más tiempo para pensar… Alcanzó por fin la playa solitaria cubierta de una gruesa arena que tantas veces recogió sus sueños. El agua seguía igual de cristalina y tampoco había ni una persona. Aquellos momentos se expandieron por completo en su mente y las lágrimas cálidas rodaban por sus mejillas sin darse cuenta. Se quedó un rato largo, demasiado largo, sin preocuparse cómo iba a volver, pues todo le daba igual en ese momento. Observó cómo el sol casi tocaba el agua, cómo iba muriendo poco a poco para dejar paso a la luna. Entumecida hasta la médula por no haberse movido ni un milímetro, decidió emprender el camino de vuelta a casa… Y con la cabeza gacha se encontró con los pies de un chico.

Largo rato había estado observándola, y conteniendo el instinto de recogerla en sus brazos, como tantas veces había hecho.  Sólo se movía su precioso y largo pelo, asique estuvo tentado de ver si estaba bien, pero estaba prendido por la magia de aquella imagen que sabía que ocuparían sus noches posteriores. De repente ella se volvió, tan súbita como las olas que rompían contra las enormes rocas. Su cara estaba mojada, aunque no podía ver bien sus ojos sabía que era por las lágrimas. Entonces levantó la cabeza para mirarle, y pudo ver la sorpresa en sus ojos que al instante dejó paso a una inmensa tristeza…

Eric no podía contenerse más, no podía seguir viendo esos ojos de aquella manera, asique se abalanzó sobre ella, arropándola en sus fuertes brazos, como tantas veces había ansiado hacer.  Los dos temblaban del increíble remolino de sentimientos que se chocaban entre si. Tampoco pudo contener su lengua, ni su mente… y su boca soltó aquellas palabras que se moría por decir, todas aquellas palabras que no habían dejado de rondar por su cabeza, torturándole por tenerlas encerradas…

Sara no sabía qué hacer, aquello era un sueño y una pesadilla a la vez. Pero antes de que pudiera reaccionar, antes de que su cuerpo diera señales de vida, escuchó aquella voz… la voz que tanto ansiaba escuchar, en un susurro. << No he podido aguantar más, nunca he sido fuerte, porque entonces habría hecho esto mucho antes, habría tenido el valor de volver corriendo, de decirte lo que eres para mí. Nunca abandonaste mis sueños, mis pensamientos. Nunca encontré en otros ojos lo que desbordaba tu mirada. Sólo encontré la nada, sin ti… sin ti… No sé como he podido sobrevivir hasta ahora. Eres todo lo que llena mi alma, todo lo que consigue que mi mente funcione. No te imaginas lo que me he arrepentido, las veces que te he pedido perdón en sueños, las veces que te besaba y te decía lo que hace mucho debería haber dicho. Te amo Sara, te amo tanto que he vagado como un muerto hasta que te volví a ver. Te amo porque eres la sonrisa en mi cara y los latidos de mi cuerpo. Porque eres la persona más maravillosa que jamás he conocido y porque estoy perdido sin ti. Lo eres todo Sara… siempre lo has sido todo y siempre lo seguirás siendo para mi >>

N {Propio}

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