sábado, enero 28, 2012

Tu mundo


Aprovechando los rayos de sol, sigo con la mirada las gotas de rocío. Tirada en la hierba, mis huesos notan las huellas del frío que ha dejado la noche. Sigo en la misma posición que doce horas antes, admirando el cielo y sus cambiantes colores, dando formas extrañas y magníficas a la vegetación de mi alrededor. Durante todo ese tiempo, he podido escuchar infinidad de sonidos que han ido formando la propia melodía de la naturaleza, llena de armonía y paz.

Me levanto y estiro mis músculos engarrotados. Paseo por los caminos que denotan los pasos pasados de animales y seres humanos. Mis pensamientos se llenan de vivencias, direcciones, aventuras, penurias que pueden conllevar esas huellas. Entonces empiezo a escuchar el agua correr, de forma sinfónica, y me dirijo hacia ella.

Descubro un riachuelo con una pequeña cascada entre las rocas y mi alma se llena ansia por probar el agua cristalina. Me quito la ropa manchada por la hierba e introduzco mi cuerpo en el río. Me sumerjo admirando los colores que se forman y los rayos que se sumergen conmigo. Siento el frío como pequeñas agujas en mi piel, pero no me importa. Sigo a las pequeñas criaturas que nadan nerviosas e intento imitarlas. Mi mente imaginativa mira la escena pensando que los animales juegan conmigo. Salgo a la superficie y nado hasta la pequeña cascada. Me siento en una de las rocas para admirar el paisaje y descubro en una de las rocas, medio oculta por el follaje, un grabado que puedo leer con facilidad. Sorprendida por las palabras, me quedo sumergida, pero esta vez en mis propios pensamientos.

Éstas dicen “Soy tú, tu madre, tu padre, tu abuelo, tu hermana, tu hogar, tu alimento, tu refugio, el aire que respiras, el camino que sigues, el espectador de tu vida, soy tu mundo... ¿Por qué no me quieres como yo a ti? ¿Por qué no me cuidas?”.

N {Propio}

jueves, enero 26, 2012

Practicar sexo reduce el estrés


Cuanto más sexo practicamos, más bajos son los niveles de estrés del organismo. Así se desprende de un reciente estudio llevado a cabo por Benedetta Leuner y sus colegas del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Princeton (EE UU) del que se hacía eco la revista científica PLoS One.

En una serie de experimentos, Leuner y su equipo demostraron que si bien una experiencia sexual aislada causa un aumento a corto plazo en el nivel de cortisol (la hormona del estrés) en roedores, tal y como ocurre tras el ejercicio físico, múltiples experiencias sexuales a diario durante un período de dos semanas consiguen reducir drásticamente la liberación de cortisol. A este efecto anti-estrés se suma que practicar sexo asiduamente aumenta la neurogénesis (formación de nuevas neuronas) y el número de conexiones entre células nerviosas, además de reducir drásticamente los niveles de ansiedad.

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martes, enero 24, 2012

El síndrome de Alicia en el País de las Maravillas

“Un día vi cómo los libros de mi hermana se volvían más grandes y cómo mi padre se hacía tan pequeño como un muñeco”. “Siento que mi cuerpo crece y crece hasta que parece ocupar la habitación entera”. Son algunas de las sensaciones que caracterizan al síndrome de Alicia en el País de las Maravillas, que suele afectar a niños y adultos con migraña.

Investigadores gallegos han estudiado un caso excepcional de este trastorno neurológico en una niña de ocho años de edad que nunca antes había tenido migraña. Sus observaciones se publican en el último número de la Revista de Neurología.“La niña, que sufrió trastornos de la percepción visual todos los días durante un mes y cada dos o tres días en las dos semanas siguientes, empezó con los síntomas sin haber tenido antes cefaleas”, explica a SINC María José Corral Caramés, autora principal del estudio y pediatra del Centro de Salud A Ponte (Orense).

Los pacientes que sufren este síndrome perciben alteraciones en la forma, tamaño y situación espacial de los objetos, así como distorsión de la imagen corporal y del transcurso del tiempo. También se han asociado otras ilusiones visuales como palinopsia (imágenes múltiples), acromatopsia (no percepción del color) y prosopagnosia (incapacidad de reconocer caras).

Según los expertos, las personas afectadas por el síndrome de Alicia en el País de las Maravillas son en todo momento conscientes de la naturaleza ilusoria de sus percepciones. Sin embargo, éstas son lo suficientemente intensas como para que tengan que mirarse en un espejo para comprobar su talla.

Aunque las pruebas diagnósticas aún no han permitido identificar ningún área cerebral específicamente afectada, los resultados de los estudios realizados en pacientes en su fase aguda mediante tomografía computarizada revelan áreas de hipoperfusión en las proximidades del tracto visual y córtex asociado, lo que podría explicar las quejas visuales de los pacientes.

Los científicos sospechan que Charles Lutwidge Dodgson, conocido bajo el pseudónimo de Lewis Carroll y afectado por migrañas, pudo sufrir el síndrome, de forma que las experiencias de la joven Alicia fueran bien conocidas por su creador.


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El espejo


Había una vez en Japón, hace muchos siglos, una pareja de esposos que tenía una niña. El hombre era un samurai, es decir, un caballero: no era rico y vivía del cultivo de un pequeño terreno. La esposa era una mujer modesta, tímida y silenciosa que cuando se encontraba entre extraños, no deseaba otra cosa que pasar inadvertida.
   
Un día es elegido un nuevo rey. El marido, como caballero que era, tuvo que ir a la capital para rendir homenaje al nuevo soberano. Su ausencia fue por poco tiempo: el buen hombre no veía la hora de dejar el esplendor de la Corte para regresar a su casa.
   
A la niña le llevó de regalo una muñeca, y a la mujer un espejo de bronce plateado (en aquellos tiempos los espejos eran de metal brillante, no de cristal como los nuestros). La mujer miró el espejo con gran maravilla: no los había visto nunca. Nadie jamás había llevado uno a aquel pueblo. Lo miró y, percibiendo reflejado el rostro sonriente, preguntó al marido con ingenuo estupor:
   
— ¿Quién es esta mujer?
   
El marido se puso a reír:
   
— ¡Pero cómo! ¿No te das cuenta de que este es tu rostro?
   
Un poco avergonzada de su propia ignorancia, la mujer no hizo otras preguntas, y guardó el espejo, considerándolo un objeto misterioso. Había entendido sólo una cosa: que aparecía su propia imagen.
   
Por muchos años, lo tuvo siempre escondido. Era un regalo de amor; y los regalos de amor son sagrados.
  
Su salud era delicada; frágil como una flor. Por este motivo la esposa desmejoró pronto: cuando se sintió próxima al final, tomó el espejo y se lo dio a su hija, diciéndole:
   
— Cuando no esté más sobre esta tierra, mira mañana y tarde en este espejo, y me verás. Después expiró. Y desde aquel día, mañana y tarde, la muchacha miraba el pequeño espejo.
   
Ingenua como la madre, a la cual se parecía tanto, no dudó jamás que el rostro reflejado en la chapa reluciente no fuese el de su madre. Hablaba a la adorada imagen, convencida de ser escuchada.
   
Un día el padre la sorprende mientras murmuraba al espejo palabras de ternura.
   
— ¿Qué haces, querida hija?, le pregunta.
   
— Miro a mamá. Fíjate: No se le ve pálida y cansada como cuando estaba enferma: parece más joven y sonriente.
   
Conmovido y enternecido el padre, sin quitar a su hija la ilusión, le dijo:
   
— Tú la encuentras en el espejo, como yo la hallo en ti.

Enlace  (Cuento Japonés)

sábado, enero 21, 2012

Alzando los brazos

Inspiro las melodías de un resonar fundido con los lienzos del ayer.

Infundo hierro a mis espadas para hacerlas fortalecer contra los miedos de las noches más largas.

Imagino el aleteo de un pájaro entre brumas de ceniza, como mi alma, sobrevolando el volcán de tu mirada.

Intento mostrar de mi ser, entre la armonía de doble filo, lo que siento y probablemente siempre sentiré.

Impongo mi voz en la tormenta de una pobre esencia perdida por la incertidumbre del mañana, sin saber en esta vida lo que tiene sentido.

Interminables horas, confundiendo el ser con la mente, lo real con el sueño. Imaginando lo relativo de un mundo  sin entrañas. Componiendo mi palabra ante las nuevas ideas. Creando sentimientos que inspiran la libertad como si la vida les fuera en ello. Alzando los brazos para poder volar con el grito de mi corazón en las manos. Mirando al destino, desafiándole a duelos inmortales. Controlando mis puños ante los golpes de la sociedad perpetua. Callando las inestables melodías de mi alma, sufriendo por los gritos sin volumen que se alzan entre las personas de este mundo lacerante.


Inspiro tu esencia, provocativa y estimulante. Me coges de la mano, apartando los pensamientos agobiantes portadores de los miedos.

Infundo fuerza a mi mano para no soltar lo que mantiene mi alma en calma.

Imagino los sentimientos comprendidos en un solo cuerpo, moviéndose en danzas eternas.

Intento seguir el ritmo de tus pasos, creando nuestro propio camino.

Inimaginables torbellinos con nuestros nombres grabados van destruyendo los temores de los días más tediosos. Dando sentido a nuestros sueños, proyectos de nuestra realidad. Mirando la otra cara de la moneda, donde las sonrisas envuelven la oscuridad y alumbran las calles. Alzando los brazos, volando con el aullido de millones de sentimientos envueltos en la esperanza y la libertad. Ilusiones que van dando forma al destino, levantando nuestras almas de los golpes más duros. Creando un mundo donde tiene cabidad el amor y las ideas de la gente.

N {Propio}

Thomas Bergersen - Starvation


viernes, enero 13, 2012