lunes, febrero 07, 2011

Llanto

Por fin volvíamos a casa. Se había hecho de noche y mi mujer y mi hija se habían quedado dormidas mientras yo luchaba por mantener los ojos abiertos. La carretera era un peligroso río de sombras donde los focos de mi coche formaban siluetas extrañas entre los árboles o la más onda oscuridad en los precipicios.

A mitad de camino, mientras pasábamos por al lado de un precipicio, el sueño me venció y mis ojos se cerraron por un instante. El coche se desvío tan solo unos metros y el pánico recorrió todo mi cuerpo. Di un volantazo despertando a mi familia. Todo sucedió muy deprisa. Sólo podía escuchar el llanto de mi hija de 13 meses. Por el rabillo del ojo vi algo fugaz, pero no me percaté pues el morro del coche sobresalía por el acantilado. Entonces mi mujer puso su mano sobre la mía y pude reaccionar. Di marcha atrás y tras comprobar que ninguna estaba herida nos dirigimos de nuevo hacia casa.

Llegamos con un gran alivio en el cuerpo y antes que nada nos fuimos todos a la cama. Pero entonces empecé a escuchar ruidos alrededor de la casa. Al principio pensé que sería un gato ya que lo ruidos no eran muy fuertes, mas luego empezaron a sonar golpes en el piso de abajo y me levanté de un salto. Mi mujer seguía dormida en la cama, yo cogí un bate de beisbol que había detrás de la puerta y bajé las escaleras despacio.

No vi nada y dejé de escuchar los ruidos, así que me dirigí a la puerta del jardín para ver si había alguien. Una vez fuera vi algo moviéndose fugazmente por el rabillo del ojo y entonces me dirigí hacia allí con el bate en la mano. Pero no había nada y todo estaba tranquilo, entonces pensé que el cansancio y el sueño me estaban pasando una mala jugada y me fui de nuevo a la habitación.

Me quedé petrificado en la puerta. El bate resbaló de mis manos golpeando ruidosamente el suelo. No podía apartar la mirada. Veía la figura de una mujer al lado de la cuna de mi hija dormida. Ésta se giró para mirarme, la piel se me puso de gallina y la sangre huyó de mi cara, y de repente la tenía a unos metros delante de mí, mirándome. El corazón me iba a explotar y mi frente se llenaba cada vez más con perlas de sudor, entonces mi mujer se revolvió en la cama sin llegar a despertarse y aquella desconocida desapareció.

Yo sentía pánico y al instante escuché un ruido en el piso de abajo y la risa de la mujer. Todos los pelos del cuerpo se me herizaron y la vi plantada al pie de la escalera como si me estuviera esperando. Bajé poco a poco los escalones como si fuese una marioneta. Entonces todas las ventanas y puertas de la casa se cerraron de un golpe y todas las luces se apagaron dejando la casa con la tenue luz de la luna.

La mujer me miró y abrió levemente la boca.

-¿Me das un vaso de agua, por favor? -me dijo.

Mi cuerpo se puso rígido ante la sorpresa. No sabía que estaba haciendo, pero me dirigí hacia la cocina a por un vaso para la mujer. El miedo recorría cada fibra de mi ser, mas no podía reaccionar de otra manera.

Entonces cogió el vaso y se lo echó por encima. Mis ojos se abrieron por la sorpresa, pero al mirarla vi que no había ni una gota de agua en ningún sitio y que ella estaba completamente seca. Lanzó el vaso hacia atrás y no sonó nada como esperaba, me miró, me sonrió y volvió a desaparecer. Entonces la sensación de pánico aumentó y escuché el llanto de mi hija en el piso de arriba.

Subí corriendo las escaleras. Vi a mi mujer bañada en sangre, la cuna vacía. Caí de rodillas con los ojos llenos de lágrimas… La mujer y mi hija habían desaparecido, pero yo seguía oyendo el llanto de mi niña. 


N {Propio}

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