Mi guitarra


Las cuerdas vibran de puro placer.
Mis dedos se confunden con movimientos incesantes.
El grito de impaciencia quiere desaparecer
cuando, de una vez, mi cuerpo abordes.


El sonido de mi guitarra te alcanza,
tan simple y claramente, repleto de alabanzas.
Mis dedos, fogosos, continúan la marcha incapaces,
por tu mano afable, de seguir con la cordura alzada.


En el atril, las notas que mi corazón te manda;
y en mis manos, por tu mirada, la excitación apasionada.
Al escuchar la canción, dulcemente la guitarra queda apartada,
para poder disfrutar del sonido de nuestros cuerpos en la cama.
 
 
Llega la madrugada y mi alma acariciada por tu boca incontrolada
se une a la tuya para en tu luz derramada poder perderse.
Me acaricias la cara para decirme que de mi dependes,
y yo te demuestro, desenfrenada, que de ti estoy enamorada.


Como una estela ardiente, tu lengua recorre cada
curva escondida para en ellas perderse.
Mi ser tiembla de mi vehemente deleite y
mis labios buscan tus secretos mientras mis dedos
se cobijan en tu refugio de suavidad constante.


Nuestras figuras se mezclan formando un increíble arte
en el que demostramos al mundo nuestro loco deseo afable.
Cojo mi guitarra y notas como las cuerdas vibran de placer
mientras mis ojos te dicen que jamás me arrepentiré de amarte.

N {Propio}

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