En mi sillón de cuero negro.


Mi dulce dama…
No tienes ni idea del tiempo que llevo esperando.
Tu dulce olor embriaga hasta la locura mis sentidos.
Tu hechizo como dardos en mi mente siento.
Consigues ahogar todos mis banales pensamientos.
Desde la oscuridad, tu pálida y fina piel contemplo.
Tengo sed de tu ser, hambre de ti; eso no es sentir.
Tu mirada felina despierta mis instintos que
en el anhelo de poseerte me hacen sucumbir.
Los rayos tenues que penetran por la ventana despojan
de la oscuridad tu belleza innata, y mientras
yo sigo desde el sillón negro de cuero observando.


En un solo segundo, demasiado rápidos los pensamientos.
Dulce dama, muero por oler el aroma de tus cabellos,
susurrarte al odio que esto no es un sueño.
Entre pensamientos decadentes apareces,
como un obelisco alzado donde lo que
queda a su abrigo oscurece.
Mi mundo es diferente al tuyo donde no somos iguales,
donde no sé lo que soy y, ni siquiera, si somos de la misma raza.
Siento un hambre feroz cuando a mi te acercas.
Y dime, mi dulce dama, si me estas condenando
o de los más puros milagros colmando.


Dulce dama la locura me embarga el alma,
que me hace sudar durante horas por las noches en mi almohada.
Me somete a la introspección el abrigo de la oscuridad.
Tu cuerpo parece iluminarse en sueños, mientras
recorres un bosque de vegetación y tinieblas al borde de la muerte,
proyectando el delirio con tu mirada.
Estatuas angelicales parecen llorar tus últimos suspiros en silencio,
mientras continúas en el suelo seco con la mirada en la nada postrada.
Te encuentro en el abismo, apenas te queda un pie en el mundo
de aquellos que respiran y noto el frío en tus manos macilentas.
Acerco mis labios a los tuyos y queda aliento de vida en tus entrañas.

Absorbo tu última gota de existencia y la belleza de tu rostro moribundo,
tan puro en vida y en la muerte virgen mitificada.
Siempre pendiente de mi presencia y aquí estoy, sumido en la catarsis
de la locura por amarte muerta o perderte en vida.
Te adoro mortecina con tu cuerpo casi inmóvil, frágil, lleno de agonía.
Sensación contradictoria de morir por verte sufrir y excitarme por la muerte.
Abrazarte al borde del abismo donde me miras esperando
la muerte que está pendiente de tu vida donde se esfuma como
las cenizas por una simple brisa.
Solo recuerdo fundirme contigo en un acto carnal
sin saber lo que sucederá...


Ahora la muerte me vence, la vida de rojo se tiñe.
De sangre me manchas el alma mientras grito tu nombre
en un mar de esperanzas.
Tu cuerpo lánguido tendido en el bosque lleno de tinieblas.
Mi mente lo quiere negar, pero ante mis ojos como un ángel de alabastro
te marchas con la mirada en un vacío eterno.
Mil quimeras me turban destruyendo la poca cordura que en mi resiste.
Mi alma lo impugna, mis ojos lo lloran, mis manos te abrazan enloquecidos
y mi corazón sangra por ti, mi dulce serafín.
De mi locura despierto envuelto en mi oscuridad, aún con tu mirada clavada
en mi mente que aún te invoca.
Quizá mi dolor sea más fuerte ahora, pues sigo en mi sillón de cuero negro
esperando a mi dulce dama.


Max y N.

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