sábado, marzo 27, 2010

Entre cigarrillos...


Miro por la ventana las gotas de lluvia caer como las lágrimas que no soy capaz de derramar. Miro mi cigarrillo consumirse como se consume poco a poco mi esperanza. Me siento cara el ordenador y miro el Word en blanco. Mis manos no son capaces de reaccionar y mi alma se niega a explicar lo que en ella persiste. Me levanto con la esperanza de inspirarme o de, quizás, olvidarte. Me miro al espejo y veo mis ojeras, huellas de tu paso por mis sueños. Mi cordura se resiste a abandonar y mi mente niega lo evidente. No puedo más…

Tras horas pensativa me lanzo a escribir mi vida, y explico todo lo que por ti daría. Me hundo en la soledad con el Word en blanco mientras las letras van flotando poco a poco formando mi terrible verdad.

El dolor me inunda al leer mi triste vida, pero mis manos continúan desahogando lo que jamás pude contar.
Mis ojos se humedecen y mis manos tiemblan. Saco otro cigarrillo y miro el humo volar libre como tantas veces mi ser desea estar. Y otra vez… no puedo más…

Al fin guardo el archivo y contemplo mis lágrimas caer. Es un alivio.
Miro las letras mientras mi mente vaga por otro planeta. Tras de mi la cama me aguarda deseosa porque a ella me una. Mientras me enciendo otro cigarrillo me pregunto a mi misma si alguna vez este texto será leído. Pero al mirarme de nuevo en el espejo comprendo… que mi historia siempre se quedará conmigo, y mientras me fumo poco a poco el último cigarrillo borro el archivo que contiene mis deseos, mis sentimientos, mis delirios… mi vida. Y me duele que por ti jamás seré comprendida.

N {Propio}

viernes, marzo 26, 2010

Mi guitarra


Las cuerdas vibran de puro placer.
Mis dedos se confunden con movimientos incesantes.
El grito de impaciencia quiere desaparecer
cuando, de una vez, mi cuerpo abordes.


El sonido de mi guitarra te alcanza,
tan simple y claramente, repleto de alabanzas.
Mis dedos, fogosos, continúan la marcha incapaces,
por tu mano afable, de seguir con la cordura alzada.


En el atril, las notas que mi corazón te manda;
y en mis manos, por tu mirada, la excitación apasionada.
Al escuchar la canción, dulcemente la guitarra queda apartada,
para poder disfrutar del sonido de nuestros cuerpos en la cama.
 
 
Llega la madrugada y mi alma acariciada por tu boca incontrolada
se une a la tuya para en tu luz derramada poder perderse.
Me acaricias la cara para decirme que de mi dependes,
y yo te demuestro, desenfrenada, que de ti estoy enamorada.


Como una estela ardiente, tu lengua recorre cada
curva escondida para en ellas perderse.
Mi ser tiembla de mi vehemente deleite y
mis labios buscan tus secretos mientras mis dedos
se cobijan en tu refugio de suavidad constante.


Nuestras figuras se mezclan formando un increíble arte
en el que demostramos al mundo nuestro loco deseo afable.
Cojo mi guitarra y notas como las cuerdas vibran de placer
mientras mis ojos te dicen que jamás me arrepentiré de amarte.

N {Propio}

miércoles, marzo 24, 2010

En mi sillón de cuero negro.


Mi dulce dama…
No tienes ni idea del tiempo que llevo esperando.
Tu dulce olor embriaga hasta la locura mis sentidos.
Tu hechizo como dardos en mi mente siento.
Consigues ahogar todos mis banales pensamientos.
Desde la oscuridad, tu pálida y fina piel contemplo.
Tengo sed de tu ser, hambre de ti; eso no es sentir.
Tu mirada felina despierta mis instintos que
en el anhelo de poseerte me hacen sucumbir.
Los rayos tenues que penetran por la ventana despojan
de la oscuridad tu belleza innata, y mientras
yo sigo desde el sillón negro de cuero observando.


En un solo segundo, demasiado rápidos los pensamientos.
Dulce dama, muero por oler el aroma de tus cabellos,
susurrarte al odio que esto no es un sueño.
Entre pensamientos decadentes apareces,
como un obelisco alzado donde lo que
queda a su abrigo oscurece.
Mi mundo es diferente al tuyo donde no somos iguales,
donde no sé lo que soy y, ni siquiera, si somos de la misma raza.
Siento un hambre feroz cuando a mi te acercas.
Y dime, mi dulce dama, si me estas condenando
o de los más puros milagros colmando.


Dulce dama la locura me embarga el alma,
que me hace sudar durante horas por las noches en mi almohada.
Me somete a la introspección el abrigo de la oscuridad.
Tu cuerpo parece iluminarse en sueños, mientras
recorres un bosque de vegetación y tinieblas al borde de la muerte,
proyectando el delirio con tu mirada.
Estatuas angelicales parecen llorar tus últimos suspiros en silencio,
mientras continúas en el suelo seco con la mirada en la nada postrada.
Te encuentro en el abismo, apenas te queda un pie en el mundo
de aquellos que respiran y noto el frío en tus manos macilentas.
Acerco mis labios a los tuyos y queda aliento de vida en tus entrañas.

Absorbo tu última gota de existencia y la belleza de tu rostro moribundo,
tan puro en vida y en la muerte virgen mitificada.
Siempre pendiente de mi presencia y aquí estoy, sumido en la catarsis
de la locura por amarte muerta o perderte en vida.
Te adoro mortecina con tu cuerpo casi inmóvil, frágil, lleno de agonía.
Sensación contradictoria de morir por verte sufrir y excitarme por la muerte.
Abrazarte al borde del abismo donde me miras esperando
la muerte que está pendiente de tu vida donde se esfuma como
las cenizas por una simple brisa.
Solo recuerdo fundirme contigo en un acto carnal
sin saber lo que sucederá...


Ahora la muerte me vence, la vida de rojo se tiñe.
De sangre me manchas el alma mientras grito tu nombre
en un mar de esperanzas.
Tu cuerpo lánguido tendido en el bosque lleno de tinieblas.
Mi mente lo quiere negar, pero ante mis ojos como un ángel de alabastro
te marchas con la mirada en un vacío eterno.
Mil quimeras me turban destruyendo la poca cordura que en mi resiste.
Mi alma lo impugna, mis ojos lo lloran, mis manos te abrazan enloquecidos
y mi corazón sangra por ti, mi dulce serafín.
De mi locura despierto envuelto en mi oscuridad, aún con tu mirada clavada
en mi mente que aún te invoca.
Quizá mi dolor sea más fuerte ahora, pues sigo en mi sillón de cuero negro
esperando a mi dulce dama.


Max y N.

martes, marzo 23, 2010

Lágrimas de Hielo



Busco en el recuerdo de una imagen
las miradas que algún día fueron perdidas.
Miro entre las cartas las lágrimas de perdón
que jamás fueron escritas.
El aire me devuelve el grito silencioso
que todos los días te mando a escondidas.

Mi alma se cierne en un diluido pesar.
La oscuridad abate todo aquel sentimiento,
que alguna vez pude tener, de felicidad.
Mis temores se agrandan con el sonido del tic-tac,
y por las ventanas se escapan los sueños que en mí
ya no verás.

A mi alrededor busco entre la gente…
Busco cualquier mota de reconocimiento,
para poder rescatarme a mi misma algún día;
Y encuentro un gesto de desprecio que agranda
mi pura y absoluta agonía.

Se hizo demasiado tarde…
Demasiado tarde para encontrar en el pozo de mis ojos
cualquier sentimiento de alegría.
Demasiado tarde para descubrir que aquel amor
nuestro, aun que no lo creas, la pena valía.
Demasiado tarde para buscar cualquier motivo
que por la vida daría.
N {Propio}

lunes, marzo 22, 2010

Mi ser se transforma en barro


Cada vez que pronuncio tu nombre siento que la vida se me va por la boca. Mi cuerpo se queda pequeño para aguantar el tormento y el caos de mi ser. Los sueños se transforman en pesadillas para traerme el recuerdo de tu mirada. Mis mentiras de que todo va bien me persiguen en cada pupila y ceño fruncido ante las marcas que tengo en la piel. Las gotas de rocío de aquellas rosas que una vez me enviaste resbalan por mi cara marcando heridas que jamás serán curadas. Cada vez que recibo un golpe me levanto, cada vez que pronuncias mi nombre yo me callo y cuando tu me levantas la mano mi ser se transforma en barro… para que te des cuenta que jamás podré vencerte por lo mucho que te amo.
N {Propio}